Lanzarote Oeste: Yaiza - Timanfaya - Mancha Blanca - Laguna Janubio - Hervideros - El Golfo

Yaiza - Fotografia de Christian Hansen

Partimos hacia Yaiza, un pequeño pueblo, cuya apariencia y conservación dan lugar a la broma entre algunos isleños cuando comentan que parece un belén, pues sus calles y casas están cuidadas en extremo y adornadas con una gran variedad de flores y plantas. Comparte con Tinajo, gran parte del Parque Nacional de Timanfaya, también conocido como Montañas del Fuego. Tanto Yaiza, como 20 aldeas más, fueron sepultadas por lava desde 1730 hasta 1736, por suerte sin víctimas humanas.

Timanfaya - Fotografia de Christian Hansen


Además de los grandes contrastes de sus tierras rojizas, negras y amarillas, donde los dioses parecen haberse divertido pitando, en el Parque Nacional de Timanfaya, se pueden contemplar las caprichosas formas que originó la lava en su última erupción. 

Escultura Timanfaya

A la entrada del Malpais, nos encontramos con otra escultura de César Manrique que representa al parque; ya que los isleños creen que es el territorio del diablo.

Aquí, el fenómeno volcánico se convirtió en escultor del paisaje, un proceso que nunca ha muerto en Canarias, menos aún en Lanzarote, pues en Timanfaya, el volcán permanece vivo y regala un calor que convierte rápidamente en vapor el agua o quema sin necesidad de llama alguna.

Timanfaya - Fotografia de Christian Hansen

Lo primero que encontramos es el Echadero de Camellos, ya que es posible ascender a una de las lomas volcánicas sobre un dromedario, pero nosotros decidimos continuar adelante.

Llegamos hasta El Islote de Hilario, donde se encuentra el aparcamiento, el centro de visitantes, tienda y restaurante. Cogemos la guagua para hacer La Ruta de los Volcanes, porque el acceso al parque está controlado y no se permite la circulación de vehículos privados. Durante el trayecto se nos explica los distintos fenómenos geológicos que vamos observando, acompañados con una música de fondo, que aún hace más espectacular la experiencia. 

Fuego en Timanfaya

Ya de vuelta en el islote, vemos una grieta en el terreno que emana calor. Para demostrar la temperatura, uno de los operarios introduce unas ramas secas, que arden en unos segundos. También nos enseñan unos pequeños agujeros, a los que si se les echa un cazo de agua, se forma al instante un geiser, que nos devuelve vapor y una lluvia de gotas diminutas.

Geiser Timanfaya

Después de la visita entramos en el Restaurante El Diablo, que tiene una magnífica vista sobre el parque. Cocinan en una parrilla gracias al calor del subsuelo, que a diez centímetros de profundidad alcanza ya una temperatura de 150 ºC. Así que, al oler lo que estaban cocinando, no nos pudimos resistir a hacer una paradita para comer. 

Restaurante El Diablo - Timanfaya

Probamos los choricitos del infierno y las papas arrugás, que son patatas cocidas con mucha sal, que en el momento de ser servidas, se arrugan al contacto con el aire. Para acompañar mojo verde, una salsa a base de hierbas con un sabor muy suave.

Papas arrugás

Continuamos nuestro viaje hasta el Centro de Visitantes en la población de Mancha Blanca, un museo muy dinámico que nos ayuda a entender los procesos volcánicos del parque y a profundizar en sus formas de vida.

Salinas de Janubio

Volvemos por medio de Timanfaya y pasamos por las Salinas de Janubio, instaladas sobre un antiguo cráter que emergió de los fondos marinos. Los últimos rayos del sol provocan unos espectaculares reflejos cromáticos. Nosotros las vimos en varios momentos del día y comprobamos como cambiaba la tonalidad de las sales.

Los Hervideros - El Golfo - Fotografia de Christian Hansen

Muy cerca de allí visitamos Los Hervideros, donde el mar choca con la lava enfriada formando un paisaje precioso. Hay oquedades donde protegerse y contemplar el ir y venir de las olas.

Laguna de Los Clicos - El Golfo - Fotografia de Christian Hansen

Nuestra próxima visita es La Laguna de Los Clicos, de color verde, debido según la creencia popular a la existencia de la piedra Olivina en su fondo. Investigadores demostraron que este color se debía en realidad a un alga microscópica.

El origen fué un cono volcánico, que debido a la erosión marina, sólo queda la mitad. Una barrera de escollos y arena cerró la Cala del Golfo, originando la laguna que se alimenta por aguas del mar que entran en el cuenco a través de conductos subterráneos naturales. Esta cala es perfecta para relajarse y tomar el sol, pero nada recomendable para nadar, por la gran corriente marina.

El Golfo - Yaiza - Fotografia de Christian Hansen

Nos acercamos a El Golfo, un pueblecito con mucho encanto, y paramos en un bar frente al mar, donde tomamos un café mientras iba oscureciendo, con vistas al mar de lava enfriado por el océano.


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