Tanzania Día 6: Barafu Hut - Uhuru Peak - Mweka Camp

Memorias del Kili

Amenecer frente al Mawenzi

Me despierto y salgo de la tienda. Todos vamos con los frontales (a mi me lo prestan los porteadores por que tuve la mala suerte de fundir la bombilla). De todas formas, la luz de la luna hace que la noche no sea del todo cerrada y no estemos en la oscuridad total. Las lucecitas de los frontales que se ven a lo lejos de la gente que ya ha iniciado la ruta hacen que te desanimes por que llegan hasta el cielo y se unen con las estrellas. 

Vamos tapados a más no poder por que aunque solo hay 5º c sabemos que conforme ganemos altura, la temperatura desciende en picado. Además al amanecer va hacer un frío que pela. 

Desayunamos poco, nos abrigamos bien y comenzamos a andar, y justo al empezar a subir una persona de otro grupo se aparta un poquito del camino y se pone a vomitar. No hay cosa que me revuelva más el estomago que el sonido de una arcada.

Vamos tapados a más no poder por que aunque solo hay 5 ºC sabemos que conforme ganemos altura, la temperatura desciende en picado. Además al amanecer va hacer un frío que pela.

El camino es tedioso porque hay que ir lento y encima está oscuro. Me doy la vuelta y me consuelo con la vista de Moshi: se ve todo el pueblo como si estuvieses en un avión.

Paramos a ponernos el segundo par de calcetines. Menos mal que seguí el consejo de “Josepka” (tal y como el guía llama a Jose) y llevo unos en la mochila.

Tengo el culo completamente helado. Mis pantalones de nieve no son técnicos y pese a llevar mallas térmicas bajo no me calienta lo suficiente. También influye el hecho que mi chaqueta tiene el corte de mujer y llega hasta la cintura. Bahari me presta una chaqueta XL que lleva en la mochila y un par de guantes y parece que voy mejor.

Alberto no se encuentra nada bien. Dice que esta muy cansado pero tiene todos los síntomas del mal de altura. Al final decide volver atrás con Bahari, aunque sufre por si yo no puedo continuar y no tengo quien me acompañe. Pese a que nos conocemos desde hace poco tiempo, esta experiencia tan intensa hace que me desanime verle partir, los ratos de charlas y risas juntos ya hacían que me imaginara el momento de vernos todos en la cumbre.

Amanecer en el Kilimanjaro

Continuamos subiendo pole-pole. Javi necesita parar cada poco tiempo porque no tiene nada en el cuerpo y le faltan energías. Cada vez que paramos intento comer una barrita, pero mi estómago parece una centrifugadora. Aún así me obligo a picotear y beber. Le paso a Javi una de las mandarinas que me dio la mamá en Valencia y que aún llevo en la mochila. Se que le va a sentar bien porque en alta montaña los alimentos de pH ácido sientan mejor.


Está amaneciendo y la vista es estupenda porque ante nosotros está el pico Mawenzi (4958 m), cuya altura ya hemos superado. Hacemos fotos aunque es todo un reto porque cada vez que te quitas los guantes, los dedos se te hielan y pienso de nuevo en Adolfo y las "pijadas" para la montaña: cuando vuelva me compraré unos guantes finos interiores para llevarlos bajo de los guantes de nieve.

A veces pienso ¿Qué es lo que hago aquí?, en vez de gastar mis vacaciones estando bajo una palmera en algún rincón de la costa con un coco en la mano. Cada vez que paramos lo paso fatal porque no puedo parar de temblar de frío y encima me estoy durmiendo. Se me cierran completamente los ojos. Si estuviera sola creo que me quedaría aquí en un rinconcito durmiendo y me encontrarían ya con hipotermia severa. Yo prefiero subir muy poquito a poco pero sin parar, así que le digo a Regi que voy a continuar. 

El se queda acompañando a Javi y yo empiezo a tirar hacia arriba. Ya hay luz y puedo ver la gente que hay en Stella Point (5685 m). Total y para lo que me queda en el convento… . Paro cada cierta distancia pero muy poco tiempo, quizás solo 15 segundos tiempo suficiente para desacelerar un poquito el corazón.

Reponiendo fuerzas en Stella Point

Y al fin pole-pole, pasito a pasito, con respiraciones lentas y profundas (que bien me ha venido el “Pilates”), llego a Stella. ¡Que desilusión!. Yo que esperaba ver el cráter al menos y desde aquí no se ve nada. No hay cartel como en Gillman’s Point (5681 m, punto de llegada al crater para los que suben por la ruta Marangu) para la foto ni nada. Solo se aprecia el cartel de Uhuru allá a lo lejos.

Estamos supercansados y nos sentamos a esperar a Regi. Jose dice que ya que está aquí, llega a Uhuru y Javi también. Igual si ellos no hubiesen insistido nos hubiéramos bajado, porque yo desde hace rato solo pienso en la bajada que me espera y David está reventado. Aquí se te dobla un pié y o viene el helicóptero a sacarte o vas al cráter arrastrándote para tirarte dentro.

Total solo son 800 metros de distancia y la cuesta ya es mucho más suave, pero a cada paso parece que vayas a tirar el hígado por la boca.

David no puede más, camina arrastrando detrás suyo el bastón de trekking y dice que Jose y yo vayamos delante pero nos esperamos. Si total más pronto o más tarde ya vamos a llegar los cuatro. El paisaje es alucinante porque desde aquí si que se ve el glaciar sur. Da pena pensar que seremos de las últimas personas en verlo. Si las cosas siguen como hasta ahora, dicen que en el 2020 habrá desaparecido completamente, sobre todo por la disminución del bosque de su base, que hace que haya menos humedad en el ambiente y por lo tanto, los rayos solares lo van derritiendo.

Nos cruzamos con grupos que van descendiendo, completamente eufóricos, nos animan, nos abrazan hasta el punto que Regi, les pide calma y que por favor no nos apretujen. Pienso que también deben ser víctimas del mal de altura, y los cambios de humor característicos que tanto afectan. Yo solo les sonrío y levanto la mano a modo de saludo, porque se que voy a llegar pero no tengo mucho aire en mis pulmones como para seguir andando y responderles. Dicen, y ahora creo que es cierto, que pasada cierta altitud, los desafíos en la montaña son más mentales que físicos, y yo se que puedo hacerlo, aunque físicamente estoy muy cansada, la moral nunca decae y por suerte el mal de altura no me afecta demasiado.

¡Por fin! ¡Uhuru Peak (5895 m)!. La sensación? Indiscreptible. Mi primer 3000, 4000 y 5000 en uno, y no sabes si te apetece reir o llorar. Estoy en la cima de África, con una sensación térmica y unas vistas tan auténticas, que no son para nada comparables a cualquier documental que se pueda ver. 

Uhuru Peak - Kilimanjaro

Desde aquí si que se ve parte del crater. Creo que hay que seguir la ruta de Arrow Glaciar, para posteriormente pasar por al lado del cráter, aunque creo que esta ruta se cerró debido a unas muertes de montañeros, a los que desgraciadamente se les cayo encima parte del glaciar debido al deshielo.

Una pena que Alberto no haya compartido este momento con nosotros, porque realmente le hacia ilusión; incluso soñó que estábamos arriba los cinco, pero realmente no se encontraba nada bien y con el mal de altura, no vale la pena jugársela.

Llegan Regi y Javi con paso pausado pero seguro, tan sereno como si hubiera acabado de levantarse. Que tio! Nos abrazamos todos y yo le doy dos besos a Regi, dándole las gracias por haber hecho posible este reto. No es habitual para los tanzanos estas muestras de cariño, él se mantiene un poco distante, aunque ojo! que eran besos en la mejilla... cuando suba el Everest ya le daré un pico al sherpa si hace falta....

Y ahora las fotos: con banderas, sin ellas, solos, acompañado y yo con una “pintilla”...

No se ve la superficie de la tierra. Estamos encima de una capa de nubes que lo tapizan todo, igual se debe a que hemos llegado más tarde y las nubes han cubierto la vista, no se. El caso es que me da igual, solo con ver parte del cráter y el glaciar es lo suficientemente impresionante.

Empezamos a bajar, pero antes que nada, me adelanto un poco para esconderme e ir al excusado. ¡Que nadie dude a partir de ahora de que yo si que meo alto!

La bajada es agotadora, la tierra está suelta, y yo pongo mucho cuidado porque es muy fácil resbalar. Me acuerdo del Puig Campana y de su pedrera. Hasta el día de hoy había pensado que si esta montaña hubiera estado en España posiblemente la hubiera repetido con el papá, pero después de lo de hoy…

El sol ya está más alto y la ropa va sobrando. Aunque me he puesto varias veces la crema solar factor 60, se que me voy a quemar (de hecho se me pelarán hasta los lóbulos de las orejas).

Por el camino nos encontramos a Bahari, que descendió y ya volvía a subir y nos informa que Alberto está bien.

Atravesamos el campamento por donde la gente, que según nos informa Regi, dormirá en el cráter. Dice que aún da calor. Y la verdad es que si esta subida se hiciera más gradual y con más días sería una chulada. Pero resultaría carísimo debido a los permisos y al pago de agua, cocineros y porteadores. Alberto dice que hemos llegado todos con la cara descompuesta y se alegra tanto por nosotros que promete volver a hacer la expedición y cumplir su sueño.

Aprovechamos para dar una cabezadita antes de comer para seguir bajando. No podemos dormir bien porque a veces te asas y a veces te hielas. Hace sol pero a ratos sopla un aire frío.

Regi nos despierta, nos ha preparado ya la comida. Como de costumbre me voy corriendo al toilette y me pierdo el debate sobre si ir a High Camp (1 hora y media) o ir hasta el campamento Mweka (3 horas) tal y como teníamos previsto desde el principio. Deciden ir a Mweka, así que empezamos a bajar por una ruta distinta a la que habíamos subido. Esta es más directa. Sin embargo en la ruta Marangu vuelven por donde han subido. Esta bajada resulta más amena. No es tan agotadora como la anterior y además de estar todos más animados influye el hecho de ir perdiendo altura. Aquí si que note mucho como parecía que tuviese unos pulmones el doble de grandes. Era una sensación rara.

En la bajada, ya en la selva, hubo un tramo a la llegada a Mweka que iba sola. No me di cuenta porque llevaba el ipod. Pero en medio de la música oí un sonido y lo apagué. Y ahí me di cuenta que ni oía los pasos y voces del grupo que iba delante (Javi, Jose y Regi), ni de los que iban detrás (David y Alberto). Solo oía a lo lejos unos cantos tribales y algo de jolgorio. Ahí me acordé de cuando a la abuelita le dije que me venia a África, y me cantó lo de “Que pasa en el Congo? Que aquel a quien pillan lo hacen mondongo”.

Después caí en la cuenta de que debía de estar cerca del Campamento Mweka (3100 m), debido a la gran cantidad de vegetación que había y que la gente debía de estar celebrándolo con su equipo.

Mweka es un campamento con mucha vegetación y hay mucha gente. Se unen tres rutas bajando aquí. Además hay dos grandes casas que desconocemos cual será su uso, porque la firma se hace en una de las casetas.



RUTA:
  • RECORRIDO: Lineal
  • DURACIÓN: 14 horas
  • DISTANCIA: 17 Km
  • DESNIVEL SUBIDA: 1220 m
  • DESNIVEL BAJADA: 3080 m

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